10,000 horas para el éxito

¿De qué depende el éxito?

Era un día cualquiera en mi salón de clases de la universidad donde estudié mi carrera. La maestra en turno se dirigió a uno de mis compañeros y le dijo: -Ay Quique, nunca vas a poder ser un buen profesionista.

Lo que esta maestra ignoraba, es que mi compañero y amigo llevaba ya muchos años dedicándose a su profesión, mucho antes de entrar a la universidad. Al paso de los años veo con orgullo cómo ha sido pieza clave en muchos proyectos en los que lo han invitado a participar. De la maestra que dijo tal sentencia no puedo decir lo mismo.

¿De qué depende el éxito? Para algunas personas, solo es cuestión de suerte. Algo así como estar en el lugar correcto, en el momento preciso. Y sí, cuando eso ocurre la persona lleva “las de ganar”. Pero cabe preguntarse, ¿en verdad fue un golpe de suerte?, ¿o es quizás que existan fuerzas que no vemos que nos mueven hacia esas oportunidades en el momento preciso?

Yo mismo he podido comprobar, a través de varios emprendimientos, que el éxito es una mezcla de oportunidad, dedicación y creatividad. Si queremos sacar una fórmula para el éxito (cosa que muchos autores han hecho), no podría dejar fuera de mi fórmula esos tres factores. Algunos dirán que hay que considerar la inversión, el talento, las relaciones públicas, y un largo etcétera. Y es que en realidad no creo que exista una sola fórmula.

Cuando se han entrevistado a diferentes empresarios de reconocido éxito, estos suelen dar muchas razones de su trayectoria, incluyendo el fracaso. Nadie, me atrevo a decir, que haya tenido mucho éxito podría decir que no ha fracasado en algo. Son extremos de la misma vara. Si tienes éxito es porque también conociste el fracaso. Como el niño que se cae antes de aprender a caminar.

Pero ¿cómo saber si mi idea o mi emprendimiento tendrá éxito? Esa es la principal pregunta. Porque todos en mayor o menor medida hemos soñado con algún negocio que al menos en nuestra cabeza se vislumbra exitoso, único y especial. De ese grupo solo unos cuantos deciden pasar de la idea a la acción. Pero de esos pocos sólo una mínima parte logra el tan anhelado éxito. ¿Qué falló con los que no lo logran?

Me gusta mucho ir a los eventos estudiantiles llamadas “ferias del emprendimiento”, en donde los alumnos presentan sus ideas de negocio a un selecto grupo de empresarios a fin de ser evaluados. En varias ocasiones me han honrado con ser parte del jurado. Y cuando he ido me siento el “Gavito” del jurado (en referencia al polémico juez de La Academia), porque suelo ser muy crítico de los proyectos. Pero no lo hago con el afán de molestar (aunque invariablemente veo en sus rostros que no les agrada mi comentario), sino porque he tenido tantos fracasos que si bien no puedo formular una sola fórmula del éxito si conozco los ingredientes del fracaso.

Veo, en estos eventos, muchas buenas ideas pero con una pésima planeación. Y a veces también veo excelentes grupos de trabajo pero con una malísima idea. Y aquí hago una aclaración, no soy de los que piensa que existan ideas “malas”, no les otorgo esa calificación solo porque yo no la entienda, sino porque a mi juicio carecen de creatividad. Por ejemplo, en cada uno de esos eventos sale un grupo presentando su “única y exclusiva” receta de mermelada de chile habanero. O nunca falta el equipo que fabrica alpargatas con suela “reciclada” de llantas. O los que “crearon” la mejor guayabera de lino del mercado. Por supuesto no son malos productos, quizás son hasta mejores que los que existen en el mercado, pero ¿realmente satisfacen una necesidad que nadie había cubierto? ¿la gente va a “pelear” por conseguirlos? Es ahí donde falta creatividad sobre la idea.

Una de las mayores interrogantes para cualquier emprendedor es saber si algún día tendrá éxito, o cuándo debería solo “tirar la toalla” y comenzar de nuevo con otra idea. Cuando ya ha invertido todos sus ahorros, le ha pedido prestado dinero a familiares, ha renunciado a su empleo o simplemente le ha dedicado tantas horas de trabajo y malas noches, esta pregunta es crucial. ¿Seguir o detenerse?

Para responder esta pregunta me voy a referir a 2 de las mayores mentes inventivas de los últimos siglos: Nikola Tesla y Bill Gates.

Para Tesla, uno de los mayores inventores que la humanidad ha conocido, el proceso de creación comenzaba invariablemente en su mente. Era capaz de visualizar en su cabeza la maquinaria más compleja con una precisión increíble, antes de pasarla al dibujo y mucho antes de fabricarla. Este proceso mental le permitía detectar cualquier falla en su sistema, y evitar replicarla en la realidad. Dedicaba muchas horas a este proceso mental. Caminaba 15 kilómetros diarios mientras pensaba (Einstein igual caminaba 5 km diariamente). Pero hoy en día hay emprendedores que quieren comenzar sus negocios sin dedicarle tiempo suficiente al razonamiento analítico, ni mucho menos a la planeación. 

Este proceso creativo es indispensable para cualquier idea. Mientras más tiempo le dediques a tu proyecto más cerca estarás del éxito, porque podrás ver sus fallas, sus limitaciones, sus variables, mucho antes de ejecutarlo, y mucho antes de tener que pagar el precio por una mala implementación. Pero, ¿cuánto tiempo debes dedicarle a tu proyecto? Esta pregunta nos lleva a nuestra segunda personalidad, Bill Gates.

Este genio de la programación acepta haber usado un método de trabajo, que si bien no fue idea suya, ha sido empleada por él y por muchos otros grandes emprendedores: la teoría de las 10,000 horas de trabajo. Esta idea fue desarrollada por el psicólogo sueco Anders Ericsson, especialista en experiencia y desempeño, quien se dedicó a estudiar el proceso de aprendizaje de varios grupos de alumnos de música y de deportes, para determinar cuántas horas eran necesarias para alcanzar un grado de excelencia en sus disciplinas. El resultado fue que se necesitaban al menos 10,000 horas para conseguirlo. Bill Gates aseguraba haber completado ese tiempo delante de su ordenador antes de cumplir los 20 años. Otros seguidores de esta teoría han sido Elon Musk, Warren Buffett y Mark Zuckerberg.

Pasión. Es la única palabra que se me ocurre para determinar qué es lo que hace que una persona le dedique más de 10,000 horas a una sola actividad. Si no sientes ese impulso de trabajar por tu idea, así te tengas que desvelar o levantarte muy temprano, faltar a compromisos sociales, y en general pasar horas enteras pensando y analizando tu proyecto, quizás no estás en el camino correcto. Si por el contrario todo tu pensamiento, energía y dedicación está volcado sobre tu idea (sin descuidar por supuesto las otras áreas de tu vida) entonces vas camino al éxito.

Lo sabía Tesla, Gates, Musk y todos esos grandes inventores, así como también mi amigo de la universidad. Cuando haces lo que te apasiona, el tiempo es relativo, la educación formal no es indispensable y la opinión de críticos, como Gavito y la mía, te vale un cacahuate.

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