Un bien limitado

Como el yoga nos explica desde hace milenios, nuestra atención es un bien limitado y de los recursos más valiosos que tenemos los seres humanos.

Podríamos definir la atención como el proceso cognoscitivo por el cual el individuo se concentra selectivamente en un objeto o actividad, ignorando deliberadamente el entorno restante. Eso es lo que la hace ser limitada. Nuestra atención discrimina dónde sí ponemos nuestro ser y dónde no. Por lo tanto, nuestra atención consciente o inconscientemente define nuestra vida en todo momento. Pues determina en gran medida a qué le damos poder y a qué no.

Donde ponemos nuestro enfoque por un espacio de tiempo es donde nuestra mente, cuerpo y alma fijan toda su energía. Donde ponemos nuestra atención, literalmente, ponemos nuestra existencia por un instante, o por mucho tiempo (nosotros decidimos). Es por eso que el yoga hace tanto hincapié en que entrenemos la mente para no desperdiciar este preciado bien en cosas vanas. Para saber administrarlo impecablemente.

Y el yoga tiene tanta razón en que nuestra atención es sumamente valiosa, que hoy incluso esta energía se puede monetizar. Es más, tu atención es tan preciada que ya se cotiza indirectamente en la bolsa de valores (pues es parte importante del valor económico de redes sociales y corporaciones de entretenimiento).

Es por ello que miles de expertos diseñan todos los días estrategias para captar aunque sea segundos de ella. Si pensabas que engancharte en una serie de Netflix era algo casual, déjame decirte que no. Se requieren de estudios, recolección de datos y mucha gente diestra atrás para que eso suceda.

FOMO

Lo mismo ocurre con nuestras redes sociales. Las estrategias pueden llegar a ser tan agresivas que se hace empleo de condicionamientos pavlovianos de recompensa variable para echar mano de nuestra atención. Estas estrategias son tan intensas que han provocado nuevas patologías psicológicas directamente relacionadas a la digitalización, como por ejemplo FOMO.

FOMO (del inglés fear of missing out, «temor a dejar pasar» o «temor a perderse algo») es una patología psicológica descrita como «una aprehensión generalizada de que otros podrían estar teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente».  Este tipo de ansiedad social  se caracteriza por «un deseo de estar continuamente conectado con lo que otros están haciendo».     

Pero, ¿por qué todo este interés en captar nuestra atención? ¿Por qué empresas de todo el mundo invierten millones tratando de capturarla? E Inclusive, algunas estrategias transgreden el límite de lo ético y son franca manipulación. El motivo es muy simple: la atención se volvió un nuevo objeto de valor para nuestro sistema económico actual. Por el simple hecho que cada vez es más difícil conseguir.

Para explicarlo haré uso de la cita de Herbert  A. Simon, quien  fue quizás la primera persona en articular el concepto de “economía de la atención” cuando escribió:

“En un mundo rico en información, la riqueza de información significa una escasez de otra cosa: la escasez de lo que sea que la información consuma. La información que consume es bastante obvia: consume la atención de sus destinatarios. Por lo tanto, una gran cantidad de información crea una pobreza de atención. Y la necesidad de asignar esa atención eficientemente entre la abundancia de fuentes de información que podrían consumirla”. (Simon, 1971)

En otras palabras, y ahora citando a Marta Peirano, quien es otra experta del tema: “El precio de cualquier cosa es la cantidad de vida que ofreces a cambio. La economía de la atención o el capitalismo de vigilancia gana dinero consiguiendo nuestra atención. Es un modelo de negocio que depende de que instalemos sus aplicaciones, para tener un puesto de vigilancia en nuestras vidas.

Puede ser una smart tv, un móvil en el bolsillo, un altavoz inteligente, una suscripción a Netflix, a Apple, etc. Y quiere que las uses el mayor tiempo posible, porque así estás generando datos que los hacen ganar dinero. Mientras más generas, más valioso es su banco de datos”.

Estudios arrojan que dos tercios de la población mundial tienen una adicción no reconocida a sus redes sociales. Los más vulnerables son los adolescentes y adultos jóvenes según el Child Mind Institute. Sin embargo, como las técnicas psicológicas de manipulación empleada cada vez se van especializando más para lograr sus objetivos. Las cifras de “dependientes” a la tecnología van en aumento y la edad dejó de ser un impedimento para llegarle a cierto público.

¿Cómo funciona esto?

Con un aliado de la economía de la atención: la ingeniería social, mientras más usas tus aplicaciones más se define tu perfil de usuario. Por lo que cada vez se van haciendo más adictivas. Al principio, las redes sociales eran generales, prácticamente todos veíamos las mismas noticias en nuestras páginas de inicio. Poco a poco se fue sesgando esa información de acuerdo a nuestros intereses y gustos particulares.

Así que, al entrar a la red social, la aplicación te dirige a las cosas que más atrapan tu mente o tus emociones. Eso es lo que las hace tan adictivas. Todos nos hemos dado cuenta de la publicidad dirigida con la que las redes bombardean a los usuarios. El detalle es que la ingeniería social puede llegar incluso a inducirte por cuál candidato votar en las próximas elecciones, qué postura tomar en los temas de interés social, e incluso en ocasiones generar movimientos sociales. El límite del mundo virtual y de acciones y decisiones que se toman en el mundo real ya no existe.

La ingeniería social aplicada detrás del mundo cibernético hoy es usada por cualquier organización. Ya sea grande o pequeña, privada, pública o comunal. Desde oenegés hasta organizaciones supraestatales, pasando por las asociaciones deportivas, religiosas y filosóficas.

Un ejemplo de esto son los llamados Filtro Burbuja. Estos filtros son el resultado de una búsqueda personalizada en la que el algoritmo de una página web selecciona, a través de predicciones, la información que al usuario le gustaría ver, basándose en información sobre él mismo (según datos como su localización, su historial de búsquedas o los elementos en los que hizo clic en el pasado). Como resultado, aparta a los usuarios de la información no alineada con sus puntos de vista y los aísla en burbujas ideológicas y culturales.

¿Pero qué hacer al respecto?

Los expertos mencionan:

  1. Infórmate más en:  Economía de la Atención e Ingeniería Social, para que entiendas cómo funcionan las redes sociales y tengas una relación sana con la tecnología.
  2. Tómate el tiempo de configurarlas limitando lo más posible “sus sugerencias”.
  3. No seas parte del problema, si estás consciente de que estas redes no tienen directrices éticas en sus sus estrategias, y que inclusive, son psicológicamente invasivas, encuentra otros medios más honestos para llegar a tus clientes.
  4. Entrena tu mente en pensamiento crítico y educación socioemocional. Los estudios arrojan que las personas con baja autoestima son más proclives a caer en los tipos de manipulación que las redes sociales ejercen.
  5. Antes de dar un like, o de seguir a algo o a alguien, analiza muy bien. Hay mucho más poder del que crees en cada like o interacción que haces.
  6. Cuando veas un tema en redes que te interese, investiga, coteja la información de muchas fuentes con expertos reales, no adoptes una idea enseguida solo porque reiterativamente aparece en tu perfil.

Las buenas noticias es que muchos gobiernos han empezado a tomar cartas en el asunto, al igual que otros diseñadores de aplicaciones están haciendo correcciones. Se empieza hablar de burbujas de privacidad para los usuarios, como es el caso de “Inrupt” diseñada por John Bruce.

Las redes sociales llegaron para quedarse, nos ofrecen muchos beneficios indiscutibles, pero es una realidad que consumen nuestro tiempo y atención. Dos recursos que, además de valiosos, son finitos. Por lo tanto aprender a usarlas es vital para que no sean ellas las que nos usen. No se trata de cerrar nuestras cuentas, pero si de informarnos lo suficiente en el tema para usarlas con inteligencia y responsabilidad. Que sumen a nuestra vida y no resten. Tu atención es un superpoder, no la desperdicies.

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