Desmitificando las emociones negativas, no les temas

Saber gestionar nuestras emociones puede hacer la diferencia en el mundo  empresarial, ya que estas son fundamentales para que una persona tenga un buen desempeño en una organización o emprendimiento.

Nuestro desarrollo profesional no proviene únicamente de conocimientos, sino también de nuestra actitud, carácter, manera de reaccionar ante situaciones límite, y todo esto se encuentra  íntimamente relacionado con el manejo adecuado de nuestras emociones.

Lo anterior se pone en práctica en todo momento: en el trato con empleados y clientes, con los proveedores, para resolver problemas y desafíos inesperados, tener la tolerancia para grandes o pequeños fracasos, entre muchos otros factores. 

Como maestra de yoga, escucho con frecuencia que las personas quieren aprender a meditar con la finalidad de tener una vida “feliz”, y con esto se refieren a nunca más enojarse, ni estar tristes o tener miedo, es decir, dejar de tener el tipo de emociones llamadas “negativas”.

Desean elaborar sólo pensamientos y sentimientos positivos siempre, y ver la vida de color rosa, pues al eliminar este tipo de emociones “desagradables” su vida profesional y personal podría ir mejor. ¿Es esto posible? La respuesta corta es que no, y no solo es imposible, sino que además no es aconsejable ni sano para el cuerpo, mente o misión de alma desaparecer emociones solamente por que no nos agradan.

Empecemos por el principio, diferenciando emoción de sentimiento. Las emociones son reacciones biológicas ante los estímulos, mientras que los sentimientos son reacciones o percepciones mentales ante esos mismos estímulos.

Por emoción entendemos esa respuesta bioquímica intensa producida por un hecho, una idea, un recuerdo, etc. Esto es, algo que percibimos y sentimos muy dentro de nosotros. Las emociones son transitorias, lo que hace que nos saquen de nuestro estado habitual, nos impulsan y motivan hacia la acción.  Son más intensas que los sentimientos, pero duran menos que éstos.

Un sentimiento, por lo tanto, se da cuando etiquetamos la emoción y emitimos un juicio acerca de ella, no hay sentimiento sin emoción. Ejemplo: la alegría sería la emoción y está puede provocar sentimientos como felicidad, pero también podría ser dicha, paz o éxtasis.

Otro ejemplo ante la emoción de enojo podría ser el sentir odio o furia, sentimiento de víctima, o lo contrario, sentir valor y ganas de aplicar justicia.

La emoción surge de forma automática e involuntaria, de forma diferente al sentimiento que se origina y se mantiene en base a cómo juzgamos la emoción. En el sentimiento ya podemos tener libre albedrío, ya podemos gestionar y dirigir, justo aquí está la clave.

Aquí, entre emoción y sentimiento, es donde las técnicas del Yoga y la Meditación hacen su función. Para el yoga todas las emociones son indicadores como los foquitos del tablero de un carro, surgen para señalarnos algo, no son la causa del problema «per se».

Es por ello que una mente entrenada no mira el enfado, el miedo, y la tristeza como emociones negativas, al revés, sabe que éstas cumplen una función necesaria para nuestra vida.

El enfado nos ayuda a poner límites, reafirmarnos y poder expresar nuestras necesidades con fuerza, por ejemplo. El miedo protege nuestra integridad física de posibles ataques o amenazas. La tristeza nos ayuda a aceptar las pérdidas, es una emoción que nos invita a la reflexión y el recogimiento para luego poder ir al encuentro del otro, con energía renovada.

Hasta aquí hemos hablado de las emociones “negativas” y cómo después de todo nos ayudan (si nos entrenamos y aprendemos a gestionarlas). Ahora bien, en contraparte existe algo que se conoce como positividad tóxica o falsa positividad, el querer pintar a fuerza la vida color rosa.

Las psicólogas estadounidenses Samara Quintero y Jamie Long, definen la positividad tóxica como “la sobre generalización excesiva e ineficaz de un estado feliz y optimista en todas las situaciones. El proceso de positividad tóxica resulta en la negación, minimización e invalidación de la auténtica experiencia emocional humana”.

Estás psicólogas explican que forzar el querer ser siempre positivos se vuelve negativo cuando esta actitud se usa para reprimir emociones. El psicólogo Konstantin Lukin profundiza sobre este punto señalando que, al negar las emociones negativas, estas se pueden hacer más grandes y se convierte un ciclo donde van creciendo y acumulándose, ya que no son procesadas, hasta que la situación se vuelve insostenible.

La bioneuroemoción hoy estudia enfermedades físicas que tienen su origen justamente en lo que estos psicólogos explican, el cuerpo somatiza todas esas situaciones no resueltas y enferma. Recordemos que cuerpo y mente trabajan en equipo.

Entonces como vemos, todas las emociones son necesarias, la clave está en gestionarlas a sentimientos proactivos, útiles y resilientes.

¿Pero, cómo se logra esto? Según una imagen de la tradición (Katha Upanishad, o libros sagrados hinduistas), el ser humano se podría representar como un carruaje: los caballos serían las emociones, el cochero la mente, el coche nuestro cuerpo y el amo nuestra verdadera esencia o alma. 

Por lo tanto, las emociones (y pensamientos) son una parte importante del viaje, sin embargo, son impermanentes y mutables y, por ende, susceptibles de ser utilizadas en nuestro beneficio hacia el encuentro de nuestro propio ser interior, fuente de sabiduría.

La meditación entrena a la mente para lograr esto, con ese entrenamiento podemos escoger nuestros sentimientos sin negar o reprimir emociones. Estas prácticas meditativas son como ir al gym para fortalecer el cuerpo, pero para la mente.

Poco a poco, y con adiestramiento, podemos aprender a ver las emociones como si fueran una película pasando frente a nuestros ojos y así no enganchar en piloto automático los sentimientos, sino usar el libre albedrío y seleccionar a voluntad cuál sentimiento es el más adecuado para cada situación, algo así como cuando escoges con qué ropa vestirte por las mañanas.

Esto no es sinónimo de falsa positividad o autoengaño, no pintamos la realidad, todo lo contrario: la confrontamos proactivamente.

Este entrenamiento de yoga y  meditación, van permeando a los pensamientos, pues de los pensamientos surgen las emociones y nos vamos haciendo capaces de identificar estos.

Subimos un escalón a la hora de decidir nuestra forma de pensar, usando el ejemplo de la ropa: ya no sería a la hora de escoger en el closet, sino el decidir en el momento de comprarla en la tienda. Citando textual a la psiquiatra Marian Rojas Estape: “Quien educa los pensamientos, es un maestro en la gestión de sus emociones”.

A nivel psicofísico tenemos la explicación, mente y cuerpo, pero ¿y el alma? Como vimos antes en el ejemplo del cochero, dirigir de forma adecuada el carruaje nos permitirá cumplir con nuestra misión de vida, en lugar de crearnos más karma por actuar impulsivamente, solucionarlo, que al final del día es la razón principal de este juego llamado vida.

Gestionar correctamente pensamientos, emociones y sentimientos, es como limpiar el parabrisas del auto que te permite ver con claridad el camino y así, según tu nivel de consciencia, ir al destino que desees. El primer paso para gestionar estas emociones es no sentir culpa de tenerlas, de esa forma, al validarlas podemos descifrar el mensaje que llevan atrás para nuestra misión de vida.

Tal vez ese enojo te está invitando a cerrar un ciclo con alguna relación, o, por el contrario, a arreglar las cosas. Esa tristeza es un indicador para cambiar de trabajo o quizás solamente para capacitarte más y actualizarte en tu profesión.

Aquí entran otras herramientas que el yoga nos brinda para gobernar las emociones que nos incomodan, y preferimos no tener, por ejemplo: conocer conceptos como yamas o niyamas (prohibiciones y preceptos), escoger desde el corazón nuestro proceder ante la vida con amor y bondad. 

Ojo que a veces el amor significa poner sanos límites, o la compasión alejarse de ciertas situaciones, por eso es importante estudiar la filosofía yogui a profundidad y entender de leyes universales, leyes del karma para comprender qué lecciones hay detrás de ciertas situaciones «incómodas» o retadoras que aprietan ciertos botones y detonan esas emociones que no nos agradan.

Claro está, si tu deseo es conocer y profundizar en los secretos del alma porque si está parte no es para ti, e integrar el alma a la ecuación no te hace sentido, de todas formas, como ya vimos, aprender a gestionar emociones es imprescindible para nuestra salud mental y desarrollo profesional. 

Tu eres el cochero, no le temas a los caballos, por el contrario, conócelos bien y aprende a domarlos, es muy importante para la misión de tu alma en esta vida tener un buen carruaje a su disposición.